¡Nueva York para dos!

Aquí estamos. En el avión que nos lleva a Nueva York. Solos. Mi marido y yo. Al fin. La ciudad a la que llegamos de novios recientes y nos vio partir casados. La misma a la que hemos vuelto una y otra vez para reencontrarnos. Con nosotros mismos y con nuestros sueños. Aquella en la que fuimos amantes, jóvenes, sin responsabilidades y a la que volvemos dispuestos a aligerar equipaje pesado. Nueva York nos da tanta energía y ganas de comernos el mundo que sería maravilloso poder almacenar toda esa fuerza en tarros, como los botes de conserva, para poder ir abriéndolos poco a poco durante el resto del año, según se vaya necesitando.

Es la primera vez que viajamos solos desde que somos bipadres. Voy a admitir que cuando me he despedido de los niños me ha dado mucha pena dejarlos. Sobre todo porque cada vez soy más consciente de que nos puede pasar algo y esa idea me horroriza. Supongo que tiene que ver con todo lo que está pasando en el mundo últimamente. O que es un miedo normal cuando eres padre. Pero a la vez tengo la sensación de libertad y euforia. Estoy tan emocionada que no puedo dormir, cuando cualquier otro día me habría caído redonda antes de despegar el avión. Me siento mal por no sentirme mal. Qué estupidez, ¿verdad? Pero en realidad sé que estamos haciendo muy bien. Necesitamos coger aire. Como padres y como pareja. Javi y yo nos miramos y nos reímos. Como una pareja que se acaba de conocer. Y es que nos hemos vuelto un poco extraños el uno para el otro, sobre todo en el último año.

Ser padres de niños pequeños desgasta la relación y de qué manera. Sobre todo si tienes niños que duermen mal y te pasas el día cansado desde que te levantas. La falta de sueño, el trabajo, las actividades, las mil y una obligaciones que nos imponemos y el querer estar en todo siempre nos dejan para el arrastre. Y sin darte cuenta gruñes al que más cerca tienes, que suele ser tu marido o esposa, depende el caso. Y en muchas ocasiones también se lleva alguna mala contestación el niño al que por décima vez has dicho que se meta en la cama. Así que los primeros años de los niños se me antojan una especie de prueba de fuego. Si la superas estás salvado. Al menos hasta la siguiente gran crisis que espero que no sea hasta dentro de muchos años, con la adolescencia o la jubilación, por ejemplo. Por eso cuando me entero de que una pareja con niños muy pequeños se ha separado, pienso que han tirado la toalla antes de tiempo. Sin darse la oportunidad de ver la luz. Y seguro que hay luz.

Así que hacer un viaje juntos es una gran idea. Es como volver a ser novios. Encontrar de nuevo la esencia de la pareja. Disfrutar juntos.

Aquí estamos Javi y yo que parece que nos falta tiempo para hacer todo lo que queremos hacer. Nos hemos sentado en el avión y lo primero que hemos hecho ha sido devorar las revistas que compramos en el aeropuerto para después ponernos a ver una peli todo seguido. Sin respirar. Creo que teníamos verdadera necesidad de hacer algo adulto. Leer una revista sin interrupciones. ¡Qué placer más maravilloso! ¡Ver una peli que lleve menos de dos años en cartelera! ¡Qué maravilla! Eso es lo que me gusta de los aviones. No puedes hacer nada más, así que es perfecto para leer, ver una peli o escribir un diario de viaje. Recuerdo aquel vuelo en el que me leí en otro trayecto de Madrid a Nueva York casi el libro completo “Kafka en la orilla” de Haruki Murakami. Estaba deseando que no acabara el viaje sólo para seguir leyendo. Hoy acabo de ver una peli estupenda, Joy, que me viene como anillo al dedo para mi chute de energía previo a la ciudad de los rascacielos y que se resume en persigue tus sueños siempre y no tires la toalla.

Se me va a hacer corto el viaje. Menos mal que nuestros pequeños estarán en casa para recibirnos a la vuelta y les echaremos de menos. Si no corremos el peligro de ahuecar a los inquilinos actuales de nuestro apartamento y ¡quedarnos a vivir allí!

Ahora a disfrutar de nuestro viaje. Espero tener tiempo para poder escribir mi diario de viaje y contaros ¡cómo ha cambiado Nueva York en nuestra ausencia!

Podéis seguir nuestro viaje en instagram.

PD. Mil gracias a mis padres que nos han regalado este tiempo de descanso (que ellos nunca tuvieron, por cierto)

 

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